(había prometido un post sobre diseño de servicios y estaba esperando con impaciencia asistir a una presentación de Jordi Montaña sobre el tema que estaba anunciada para la última reunión del grupo de expertos en diseño de la OAMI. hélas, la presentación anunciada fue suspendida en el último momento. o sea que lo tendré que hacer por mis propios medios y lo sigo dejando para más adelante)

en la mencionada reunión, hubo una intervención muy interesante a cargo de mi colega Steinar Amland, director de la asociación de diseñadores daneses, Danske Designere, bajo el título: “Asia: de la manufactura al diseño”.

Steinar nos abrumó con unas cifras apabullantes, por ejemplo: cada año se gradúan en China 40.000 estudiantes de diseño; el volumen económico del sector del diseño en Corea, donde un 60% de las empresas tiene departamento interno de diseño, es similar al del Reino Unido; Taiwan tiene 12.000 diseñadores profesionales trabajando en la actualidad; etc. y se preguntaba si había que tener miedo de esta competencia.

su respuesta era que no, sobre todo porque las cualidades que tiene que tener un diseñador son las cualidades que tienen los europeos, no las que tienen los ciudadanos de los países asiáticos: por ejemplo, el sentido de la jerarquía y del respeto a las tradiciones de las culturas asiáticas no permite cuestionarse las cosas para poder aportar respuestas alternativas, que es lo que se espera del diseñador.

así, Steinar alegaba que tal vez se deslocalizaría hacia Asia el diseño de los productos más conocidos, pero que la innovación a través del diseño y el design thinking se quedarían en Europa.

por supuesto yo discrepo: es decir, entiendo estos argumentos y entiendo que tenemos todavía algo de ventaja, pero creo firmemente que cada vez nos va quedando menos margen.

y pienso que uno de los peores problemas que tenemos es precisamente el de seguir pensando que tenemos alguna ventaja: esto es precisamente lo que nos anula la capacidad de ser curiosos y por lo tanto la oportunidad de adquirir el conocimiento que nos permitiría competir con ellos en su terreno; al fin y al cabo, ellos están viniendo a estudiar el diseño y la ingeniería europeas masivamente y desde hace mucho tiempo.

lo bueno de la eclosión económica de los países asiáticos es que se abre un mercado enorme, también para los diseñadores. pero a la vez asistimos a un cambio de paradigma en el consumo: por un lado, por la concienciación de las personas sobre los límites del desarrollo basado en el crecimiento y por otro lado, por el acceso al mercado de un volumen enorme de consumidores con gustos, costumbres y características físicas distintas a las nuestras, que querrán producto diseñado para ellos. es verdad que ahora la elite quiere mostrar su poder adquiriendo sólo producto europeo, que es lo que ahora mismo tiene glamour: pero tiempo al tiempo.

para mi, la oportunidad de mantener nuestra posición y beneficiarnos de un trozo del pastel pasa por estar muy atento y aprender.

de hecho, creo que la mejor inciativa que he oído en mucho tiempo al respecto me la hizo Mar Castro, directora de la división de iniciación a la exportación y nuevos proyectos del ICEX: instituir un programa de intercambio de estudiantes universitarios entre la China y Europa a la imagen del programa de becas ERASMUS. que nuestros hijos aprendan mandarín o coreano y que se vayan a pasar temporadas enteras allí es la forma más contundente de asegurarnos una base de entendimiento recíproco que permita un intercambio fructífero con ellos a largo plazo.

Steinar contó una anécdota muy interesante: en un curso de estudiantes daneses, norteamericanos y chinos impartido en una escuela de diseño danesa, advirtieron que cada grupo tenía una primera pregunta distinta cuando se les confrontaba a un nuevo ejercicio de diseño de producto. los chinos preguntaban: “para cuándo tiene que estar listo”; los norteamericanos, “cuáles son los criterios de evaluación”; y los daneses: “por qué este producto”.
en realidad, a mi también me satisface esta actitud tan típicamente europea frente al diseño: cuestionarlo todo, qué bien, qué listos son estos chicos daneses; pero ojo, que después de reflexionar un minuto no sé si necesariamente es la buena; y tampoco sé si la actitud que ahora me parece la buena lo seguirá siendo dentro de un tiempo; pero lo que sí sé seguro es que en unos años ya no habrá una pregunta típica por origen étnico: es lo que tiene la globalización. y en ese contexto, ¿quién se llevará el diseño al agua?

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