una anécdota simpática: coincido en un vuelo Barcelona-Madrid con Federico Correa, a quien no he sido nunca presentada. si fuese madrileño, Correa sería “Don Federico” a secas, por el porte. como siempre, antes de que se pare el motor ya están todos los pasajeros en el pasillo, retorciéndose sinuosos para endosarse los abrigos y bajar los bultos de los cofres. Correa, casi pegado a mi, se esfuerza sin éxito en alcanzar la manga de su abrigo de pelo de camello azul marino. sin decirle nada, le ayudo a encontrarla, y hasta le levanto el abrigo suavemente por los hombros para que le quede bien colocado en la espalda. genio y figura, Correa ni siquiera se vuelve para saber quién es su ayuda de cámara ocasional ni mucho menos da las gracias. le debe parecer normal que la gente ande por el mundo haciéndole la vida más agradable. o tal vez le pareció una osadía que alguien le tocase el abrigo…

qué distinta esa generación de profesionales a la que está subiendo ahora: en el FT de la semana pasada, se hablaba del nuevo wonder boy del diseño italiano, Martino Gamper . la última obra que ha presentado, o tal vez la más polémica hasta ahora, consiste en haber reconvertido piezas auténticas de Gio Ponti en obra propia. muchos claman al cielo por la destrucción de un legado. me recuerda la obra de los hermanos Chapman que customizaron a su aire toda una serie auténtica de los “Desastres de la Guerra” de Goya comprada al Museo del Prado (en la foto se ve un ejemplo). sí y no, depende. no soy mitómana, y menos del legado de Gio Ponti, la verdad. tampoco me impresionan estas demostraciones estrepitosas, cada uno se hace un hueco en el mercado como puede. lo que sí me llamó la atención fue la argumentación del tal Gamper para justificar su acción: “[en comparación con la música, por ejemplo] la evolución del diseño de mobiliario es todavía muy rígida. tengo muy poca estima hacia mis propios productos pero me divierto muchísimo con lo que hago. me lo paso bien haciéndolo y aprendo mucho en el proceso.” criaturita. aquí es donde el título de la exposición: “si Gio lo supiese” cobra todo su sentido.

es que los diseñadores a veces tienen un rey en el cuerpo, y lo demuestran en cosas muy básicas según como: de los tres equipos que recomendé recientemente para un trabajo, sólo uno me llama para darme las gracias por la gestión, y lo cito, el de Ana Clapés . para colmo, no fue precisamente ella quien se llevó el encargo. de agradecimientos no se vive, pero es un pequeño gesto que ayuda a pasar mejor el día.

seguramente he debido tener una educación muy a la antigua, y este tipo de cosas todavía me sobresaltan. tanto, que a pesar del carrerón que llevo en esto del diseño (uso “carrerón” en su doble sentido, en plan de guasa), sigo sorprendiéndome de la falta de educación y de delicadeza de muchos, y de la forma que tienen algunos de moverse por intereses y no por convicciones. me choca darme cuenta, por ejemplo, de que en muchas ocasiones la gente no te llama por tus conocimientos sino por la chapa que llevas; y lo que es peor: que cuando pierdes la chapa, para muchos es como si te hubieses quedado sin conocimiento. o tal vez es que no es el conocimiento lo que buscan. anda, pues ahora que lo pienso… 😉

muchos jurados de premios de diseño incluyen entre sus miembros cargos políticos por el mero hecho de que aportan una financiación o simplemente para tenerles contentitos por si acaso. lo gracioso es que en el mundo del diseño en España, el ser el responsable de organismos relacionados con el diseño, como es sabido, no conlleva necesariamente tener conocimiento alguno de lo que es el diseño, de cómo funciona este sector, de la red de contactos que uno tenga ni se requiere experiencia alguna al respecto. son méritos de otro tipo los que dan derecho al cargo. por lo tanto, cuando el responsable de uno de estos organismos forma parte de un jurado de un premio de diseño, no debería de contar necesariamente como experto en diseño. ahora ya no lo sé, pero tradicionalmente, las normas de los premios y concursos de diseño obligan a que al menos la mitad de los miembros del jurado sean diseñadores o, por extensión, sean expertos en diseño; las organizaciones del mundo del diseño lo saben, o deberían saberlo. los que se presentan a los premios y concursos lo saben, o deberían saberlo. y cuando una organización del mundo del diseño sustituye a una persona de un jurado en razón de su cargo, y no lo sustituye por alguien con unos conocimientos equivalentes, está cometiendo un fraude. por supuesto tengo ejemplos, y más de uno: por un lado, de cuando yo misma he tenido que transigir y nombrar como miembro de un jurado a alguien que no sabe nada y que nada puede aportar desde un punto de vista profesional, como de cuando yo he sido descabalgada de un jurado para el que estaba nombrada por el hecho de haber sido apartada de un cargo. no viene al caso citar nombres, pero es gracioso ver como todos nos complacemos en este mundo de las apariencias y, “por si acaso me toca a mi algún día, mejor me callo”.

pues eso, yo que llevo ya un carrerón y he estado a ambos lados, puedo decirlo. y puesto que he recibido en todos estos años muchas más muestras de cariño y reconocimiento que desplantes y descortesía, puedo observarlo ahora con distancia y buen humor.

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