unos amigos diseñadores extranjeros me comentaban hace unos días lo bien que les funcionaba el mercado español: “nos están encargando muchas cosas desde España”, me decían, “y esto no nos había pasado nunca antes”.

ah. ¿será que algo hicimos bien en algún momento o será que la empresa española ha madurado en estos últimos años en los que la economía patria se ha puesto por delante de la Unión Europea? ¿o las dos cosas a la vez?

resulta que a unos diseñadores les va de cine y a otros de pena, pero el caso es que la encuesta sobre el valor económico del diseño en España que hizo ddi en 2005 mostraba cómo ya un 70% de las empresas de nuestro país tienen de alguna forma en cuenta el diseño en su reflexión estratégica.

en este contexto, me pregunto si algunos de los antiguos instrumentos de promoción del diseño siguen teniendo sentido. ya comenté la semana pasada mi visión de lo que debería de ser la política de diseño, pero a algunos no les pasó por alto que no había mencionado los premios, los famosos premios, puntal de la política de promoción del diseño del Gobierno desde hace 20 años.

en efecto, lo hice adrede porque creo que este espinoso asunto merece capítulo aparte.

en síntesis: además de todos los premios autonómicos, regionales y locales, que son multitud, en España hay dos premios de diseño oficiales (nacionales) en este momento: los Premios Nacionales de Diseño y los Premios Príncipe Felipe a la Excelencia Empresarial que tienen, entre otras muchas, una categoría de diseño. los interesados pueden encontrar los reglamentos respectivos en las webs de los PNDs y de los PPFs. abreviando mucho, los Príncipe Felipe|categoría diseño se dirigen a empresas y puede premiar una realización concreta, mientras que los Nacionales de Diseño premian a una empresa y a un diseñador y se refieren ineludiblemente a una trayectoria.

pido perdón de antemano a mis lectores extranjeros y a los que no conocen los antecedentes del tema y que no hayan seguido el fragor de las discusiones a lo largo de los años por no extenderme en los detalles, pero lo de estos premios daría para escribir un libro y no estamos en eso. baste decir que el tema levanta polémicas encendidas: síntoma, por un lado, de que son distinciones muy apreciadas pero por el otro lado, un motivo permanente de sobresalto, de disgustos y de suspicacias.

pues bien, en cuanto a “los felipes”, una consideración previa: ningún otro país de nuestro entorno tiene un premio así, que ponga el diseño al mismo nivel que las demás herramientas de gestión de la empresa y en este sentido somos la envidia de todo el colectivo del diseño europeo. hasta ahí, todo bien. pero habría que tomar dos medidas: por un lado, asegurar que su gestión (en todas las categorías) siga un patrón de excelencia que esté a la altura de la misma excelencia que se quiere reconocer en los premiados, y por otro lado dinamizar la promoción de los premios entre ediciones, haciendo que el premio signifique, además que un galardón, la pertenencia al club de las mejores empresas, las que el Ministerio luce como ejemplo.

en cuanto a “los penedés”, mi opinión personal es que el modelo ha quedado anticuado, por varios motivos:

  • por la transformación del tejido empresarial en España en los últimos 30 años
  • por el avance de la disciplina del diseño en España
  • por el fenómeno de la auto producción, que está ganando terreno y demuestra que, como todo en esta vida, el modelo tradicional de empresa-diseñador no es inamovible
  • por la aparición del otro premio de diseño, también importante y también patrocinado por el Ministerio, que se concede a empresas y no a diseñadores
  • por la consolidación en España de un modelo determinado de premio nacional que no es este, ¡qué se le va a hacer!

yo personalmente puedo dar fe de que la gestión del premio no aporta al BCD como institución ningún beneficio económico, al contrario: como es normal cuando se manejan fondos públicos, todos los gastos se justifican hasta el último céntimo y hay que decir que en esto de los dineros del diseño, el Ministerio es muy severo. sí es verdad en cambio que el ir de la mano del Ministerio en la organización del premio, que además entrega SM El Rey, aporta notoriedad. y es que, a veces, las buenas ideas dan réditos: es un hecho que fue BCD quien sugirió al Ministerio la puesta en marcha de los premios y le solucionó la papeleta de su organización; y lo ha venido haciendo desde hace casi 30 años con mucha solvencia, como lo demuestra el hecho de que cuando se quiere criticar este papel se cita de forma recurrente el mismo incidente (grave, es cierto, pero singular). además de cero ingresos extras y mucha notoriedad, ese papel de BCD también atrae envidia y suspicacia, casi tanta como notoriedad: pero esto no es lo que importa, al fin y al cabo, si no fuese así, no estaríamos en España.

a mí me parece que un buen momento para dar un vuelco a este tema era precisamente el 20º aniversario de los PNDs que se cumplía en 2007: además de que ciertos números propician ciertas celebraciones, se habían cerrado temas pendientes y se podía dar por concluido un ciclo. pero por motivos que no viene al caso comentar, no se hizo así.

pues bien, más vale tarde que nunca y nada impide hacerlo en la próxima edición: además de agarrar el toro por los cuernos de una vez por todas, lo de reformar los premios es una ocasión estupenda para constituir un comité de esos que tanto gustan y que se caracterizan porque todo el mundo protesta porque no se remunera la dedicación pero a cuyo nombramiento nadie rechazaría ni por todo el oro del mundo… (llamémosle sentido del deber, amor patrio, vanidad, o lo que sea.)

ese comité empezaría por analizar todos los factores que han cambiado en este cuarto de siglo (en el país, en el tejido empresarial y en el diseño), seguiría con el state of the art de los premios de diseño en nuestra área de influencia (o con la lectura de uno de los múltiples trabajos que seguro que se han hecho sobre el tema) y llegaría finalmente a proponer unos premios de diseño que tuviesen la garra, la altura y la calidad necesarias para constituir el mismo revulsivo que los originales en su momento. con unos premios nacionales de diseño que, por encima de todo, nadie podría denostar.

esto es la teoría, y seguramente funcionaría si este país fuese Holanda, por decir algo; hic et nunc, empero, me huele que este sistema acabaría haciendo bueno el famoso dromedario del dicho:


la conclusión es que tal vez no haga falta todo esto, que podemos seguir así unos cuantos años más: al fin y al cabo, ¡quién quiere dejar al Sobrino sin tema!

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