vaya, le doy unas vacaciones de 4 días al blog, y ya estoy ansiosa por volver: ¡se me acumulan los temas!

1- “loguitis”: ahora le ha tocado el turno a la Comunidad de Madrid, ¡qué manía! el resultado, a mi me decepciona. pero no creo que se las tenga que cargar el diseñador: yo no sé nada del proceso y ni siquiera conozco a los de Cros Machín, pero con solo mirar el engendro, lo que intuyo es que es el cliente el mediocre. yo creo que este es uno de esos encargos en los que el cliente no deja que el diseñador haga su trabajo, porque no se cree lo del diseño y no deja de meter baza en la tipografía, en los colores, en los tamaños, hasta que la resultante es un ejercicio de diseño hecho por alguien que no tiene ni idea de diseño pero firmado por diseñadores que, exhaustos, se prestan a darle cobertura para perder de vista esa pesadilla de una vez por todas. no me creo que el diseñador, por más que tenga un nombre rumboso, se le ocurra atizarle a Madrid un claim en inglés, cuando Madrid representa a una lengua hablada por 400 millones de personas en el mundo. no es que nos tengamos que poner chulos, pero no sé, que aprendan un poquito ellos también, ¿no? lo de MAD tiene gracia: yo misma lo utilizo constantemente y siempre funciona: por ejemplo, en la propuesta para una MAD DESIGN WEEK, y cosas así. pero no deja de ser un poco de chiste. está bien en la comunidad del diseño, en la que todos nos esforzamos en ser oh-tan-espirituales, pero ¿tiene que resultar chistoso el gobierno regional? a mi me da que no. y finalmente, o para empezar, no lo sé: en una comunidad uniprovincial, con una macro capital que es la mayor ciudad del sur de Europa, ¿es realmente necesario que el mundo sepa de nuestra esquizofrénica manía de constituir dos administraciones paralelas (y bien nutrida cada una de ellas por cierto)? pero lo peor de todo es que han logrado hacer un logo igual de mediocre que el de la ciudad, y eso sí era difícil… especialmente cuando existe aquello de “Madrid, la suma de todos”, que es digno, que no se mete con nadie y es original y eficaz. y al cabo, ¿para qué demonios querían otro logo? siempre igual con la manía de los logos: ¿alguien sabe lo que ha ocurrido con el dichoso logo del gobierno de España, que tanto dio que hablar? ¿alguien sabe dónde ha ido a parar el logo del bicentenario, del que nunca más se supo?




2- El País: mi sección predilecta, la de tendencias, de la que no he parado de hablar en estas pantallas, por fin se ha puesto a tono. FELICIDADES a quien sea que haya tomado las riendas de la cosa: han centrado bien los temas y han introducido una columna de reflexión. y lo que no lo sigais direis: ¿y esto es todo? pues sí: Dios está en los detalles, como dijo alguien. el caso es que ahora da gusto leerlo: resulta ameno, informativo e interesante por igual. un lujo.

3- una empresa nueva, “sotano studio“: me encanta que salgan nuevos estudios de diseño, que alguien tenga el coraje de pensar que vale la pena el esfuerzo de ponerse a hacer cosas, en el convencimiento de que no está todo hecho. y que además el resultado sea tan inteligente y sensible como el de estos chicos. no los conozco personalmente, pero una de las socias, Fanny Le Bonniec, es amiga de Fanny Cabanne, ex Design Continuum, ex PDD Group, amiga y colega del DMI y una de las personas más divertidas que conozco en el mundo del diseño: si la encontrais por ahí, la reconocereis seguro. y os gustará seguro.

4- un clásico: estoy leyendo el libro de Bruno Munari “¿Cómo nacen los objetos?” y es un placer encontrar en la sección diseño de la librería un texto tan fresco, casi naïf diría. lo he empezado apenas, pero me encanta la clasificación que hace entre las cosas que pueden hacer los diseñadores y aquellas en las que no se tienen que meter, por ejemplo: en decoración, se puede hacer la “decoración mínima suficiente”, pero no la de lujo; en la industria del vestido: prendas deportivas, para trabajadores, calzado y guantes especiales, algo llamado “sombrero paraguas para pescadores” (¿?) pero nada de moda: esto hay que dejárselo a los estilistas. en seguida el autor deja de prohibir cosas y pasa a hacer solo sugerencias positivas, pero ojo, de cosas como: “artículos de viaje: maletas, bolsas, baúles ligerísimos; maletas con ruedecitas, carritos; bolsas y maletas que vacías ocupen poco sitio; el fardo” (sic). la verdad es que la lista me ha dejado perpleja: de dónde sacaría esta relación de objetos inverosímiles? parece que le haya dado un ataque y no haya repasado el texto nunca más. igual es una cosa de la época, qué más da: el caso es que tiene algo que me parece todo un acierto y es su comparación del diseño con la cocina. el brief sería la receta, el diseñador el cocinero, y el comensal el cliente. todo encaja. es una metáfora estupenda, que se puede seguir desarrollando: no hay dos cocineros que hagan igual una misma receta; todos cocinamos aunque no seamos cordon-bleus; a todos nos gusta más la cocina bien hecha que la mala, y todos tenemos paladar, si lo educamos. pues eso.

5- además de leer a Munari, estoy ojeando el libro de Peter Philips “cómo crear el brief de diseño perfecto“. y es la repetición exacta del seminario que este autor imparte por cuenta del DMI, y al que yo me matriculé hace unos años. me decepciona no encontrar nada nuevo, pero hasta aquí, todo entra dentro de lo que cabe esperar en estos casos. en cambio, lo que me saca de quicio es la traducción. pero vamos a ver: ¿¿a alguien en su sano juicio se le ocurre hablar de un “listado de balas” ?? está claro que es la traducción literal de “bullet points”, que son los puntos, o las viñetas que ponemos al inicio de cada item de una lista. ¿es normal traducir portfolio por “carpeta de empresa”?¿pero es que nadie ha editado este libro? ¿ha pasado de la traductora a la imprenta sin el control de el editor? ¿y sin el contro del co-editor? en fin: el fascinante mundo de la edición. si a pesar de todo lo quereis tener, habreis de pedirlo a BCD, ya que el editor, Enrique Arellano, y su editorial “Divine Egg” (y no estoy flipando) andan desaparecidos últimamente.

anda, ahora que lo pienso, puede que la divertida lista de Munari sea solo el fruto de la creatividad desatada de un traductor… ¡vaya usted a saber!

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