hace muchos años (sería en el 97, creo) organicé para los cursos de verano de la Universidad Menéndez Pelayo en Barcelona un curso sobre Innovación y Diseño. logramos juntar un buen plantel de conferenciantes pero no conseguimos en cambio contar con el favor del público, por lo que la experiencia no fue bien evaluada y no se repitió en las ediciones sucesivas. y por cierto, que el director de los cursos en Barcelona era Joan Trullén, que luego ha sido Secretario General de Industria del MITYC, lo que son las cosas…

bueno, a lo que iba. mi primer conferenciante era John Thackara, un personaje interesantísimo siempre metido en proyectos visionarios, por ejemplo: Doors of Perception o Dott 07.

John Thackara citó en su conferencia lo que él denominó los “drivers of innovation“, que se podría traducir por los factores que traen consigo, o que facilitan, la innovación: la conectividad, la tecnología, etc. y entre ellos, citó la desmaterialización. en aquel momento (es que ya hace 10 años!) pensábamos la desmaterialización en términos de miniaturización (que los aparatos podían ser siempres más pequeños, por ejemplo, los ordenadores) y de virtualización (la sustitución de las cartas en papel por los correos electrónicos). otro día repasaré las notas de esa intervención, que fue super interesante.

la semana pasada estaba leyendo en el FT weekend un reportaje sobre las nuevas tecnologías que pueden “imprimir” objetos, o sea el CAM (computer aided design) y sus nuevos usos. el artículo habla en particular de una empresa muy interesante, Materialise, que se ha especializado en fabricar piezas especiales por impresión en 3D, lo cual permite obtener objetos totalmente funcionales sin más operaciones. estas técnicas se están empezando a utilizar en joyería, con resultados sorprendentes, y en mobiliario. de momento solo se trabaja con resinas (poliamida, expoxy, policarbonatos, ABS, etc.) por supuesto, pero en un futuro ¿se podría pensar en otros materiales?

Arik Levy es uno de los que está trabajando con Materialise, con unos complementos y una luminaria, y Lovegrove tiene un bolígrafo moldeado a partir de su propia mano, pero hay muchos más objetos. es curioso como la tecnología empuja a hacer diseños alambicados, como para sacarle todo el partido a la capacidad de realizar filigranas a la cara…


y en ese mismo futuro se podría pensar en un aparato doméstico que permitiera imprimir los objetos a partir de un archivo informático. es decir: si quiero una silla, no voy a comprarla, sino que compro por internet un archivo con la información, la paso a ese aparato y al cabo del rato tengo la silla, plenamente funcional, en mi cocina. es más: al recibir el archivo, puedo modificar algunos parámetros para “customizar” el objeto según me convenga.

parece ciencia ficción, y es que yo soy de la generación que vio aparecer el télex primero y más tarde el fax (y me acuerdo del primer anuncio de telefax que vi en La Vanguardia: ¡pensé que era una broma!) o sea que después de todo, sí me creo que en unos años veré aparecer otro aparato doméstico para materializar los objetos más variados. si seguimos imaginando, el material utilizado sería totalmente reciclable, por supuesto, y como con la plastilina, podríamos ir generando objetos distintos en función de las necesidades en cada momento: se van los hijos de casa, fundo las camas para “imprimirme” un escritorio, unas estanterías, …

una de las ventajas que le veo es que desaparecerían los stocks de las fábricas y a lo largo de toda la cadena de distribuidores y detallistas. (en realidad, esto no sería una gran novedad: ahora mismo, muchos detallistas nunca tienen nada en stock, siempre tienen que pedirlo todo a fábrica y su negocio consiste en mantener un show room más o menos apañado por lo que aplican la friolera de un 100% de recargo sobre los precios…)

pero en cualquier caso, eso sí sería desmaterialización: entre el prototipo del diseñador y el objeto que adquiere el usuario, no habría más que información cifrada y modificable: desmaterialización y customización al tiempo… ¡lo encuentro fascinante!

pero tal vez soy un poco ingenua: ayer, entre copas, los amigos especulaban con un futuro no tan simpático en el que cada cadena de distribución te mandaría un horno 3D distinto puesto que, por supuesto, los sistemas serían incompatibles entre ellos; así, tendríamos una batería de hornos: el del Corte Inglés, el de IKEA, etc. como ahora tenemos una batería de routers wifi que dejan constancia de las veces que hemos tenido que cambiar de proveedor de internet

¡cielos, se esfumó la desmaterialización desde antes de empezar!

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