está empezando a llegar hasta los círculos de diseño, es la pregunta de moda, el comodín de las conversaciones de salón: “Y a vosotros qué tal os va, estáis notando la crisis?”

pues que yo sepa, todavía no está haciendo mucho daño, la verdad: todos los estudios están a tope, todos los clientes están esperando ansiosamente las entregas, o incluso iniciando proyectos, se siguen generando agendas imposibles llenas de inauguraciones, fiestas, presentaciones, viajes,…

y es que las crisis económicas tienen dos efectos a tener en cuenta:

el primero, que son fenómenos “telescópicos”, es decir, que son series de acciones que repercuten una en la otra y cada una es mayor que la anterior. en la recesión que nos afecta, por ejemplo, se empieza por el fracaso de un modelo financiero en los Estados Unidos: si el país hubiese sido otro, la repercusión en estas latitudes apenas se hubiese notado. pero el mercado financiero global tiene lazos fuertemente trabados en todos los sentidos, especialmente a través de los fondos de inversiones, muy diversificados, que rastrean continuamente el mercado para encontrar las mejores oportunidades de inversión, las más rentables en cada momento, sin mirar ni la nacionalidad ni el color del dinero que encuentran. o sea que la crisis de las hipotecas con escasas garantías de los Estados Unidos tiene cierta repercusión en todo el mundo y en el mercado financiero español por supuesto. pero estas mismas conexiones financieras desencadenan una reacción de mayor amplitud en el mercado inmobiliario, a través de dos factores concurrentes: uno, la mayor precaución en la concesión de hipotecas (por la lección aprendida), dos, la mayor dificultad a la hora de captar capitales para nuevas promociones (por dirigirse a un mercado financiero en dificultades). en un país como el nuestro, que lleva tantos años basando su crecimiento en un desarrollo desaforado del sector de la construcción, esto era exactamente lo que podía dar al traste con un montaje tan lucrativo como precario. en el 2001 escuché una conferencia del profesor Serra Ramoneda, por entonces presidente de una entidad bancaria, que adelantaba el colapso de este sistema y que trazaba sin apenas desviaciones la foto de lo que estamos viviendo hoy. pensemos que todo lo bueno que tiene la construcción como motor de crecimiento, por la cantidad de externalidades (efectos indirectos) que genera en la economía, lo tiene de malo cuando se retrae: cada inmobiliaria que empieza a pasarlo mal ahora tiene cien proveedores que sufren las consecuencias de una contracción del mercado, con lo cual se va ampliando la recesión en cascada.

la segunda característica de las crisis económicas es que en ellas tienen muchísima influencia las expectativas de los agentes en el mercado: cada uno de los cien proveedores de la inmobiliaria que vende los pisos más despacio ahora que hace 12 meses, tomará decisiones conservadoras en cuanto a su negocio pero también en su vida privada. de allí la insistencia del Gobierno en reprender a los pájaros de mal agüero: anticipando lo malo contribuimos a hacerlo peor de lo que es. a modo de ejemplo, este menú de restaurante chino corregido sobre la marcha según un índice de inflación arbitrario:




¿y esto nos afecta a nosotros? pues a la larga sí:

con dificultades de cobro porque nuestros clientes pasan dificultades y priorizan la nómina antes que los proveedores

con un descenso en los pedidos porque nuestros clientes tengan menos dinero para contratarnos, ya que ellos mismos venden menos y le cuesta más cobrar

con una disminución de otras oportunidades: si mi imprenta de toda la vida pasa por dificultades, recortará sus actividades de patrocinio y por lo tanto vamos a tener que cancelar eventos, promociones, etc.

¿y qué soluciones tenemos? pues no muchas. la principal, la prudencia: es un momento para meditar las decisiones que implican gastos adicionales y cambios. y a la vez, tenemos una gran oportunidad: si no hay tanto trabajo, nos podemos replegar sobre el estudio y la adquisición de conocimiento: los que lo hagan saldrán fortalecidos de la crisis, pudiendo ofrecer más y mejores servicios.

como dice la canción:
“And if you know who you are,
You are your own superstar
And only you can shape the music that you make”.
(Easy does it, en Crisis, what crisis, de Supertramp).

de todas formas, a mi esta supuesta crisis me intriga por dos motivos:

uno, porque cada vez es menos cierto que los agentes económicos (es decir, todos nosotros y las organizaciones para las que trabajamos o que trabajan para nosotros) sean totalmente racionales. y me gustará ver cómo se traduce esto en términos económicos.

dos, porque yo estoy convencida de que hay megatendencias (tendencias que se generan en ciclos muy largos) que nos llevan a un cambio en el modelo de sociedad drástico, y que la crisis económica es concurrente de algún modo con este nuevo modelo que se está gestando. yo estoy convencida, por ejemplo, que vamos hacia un descenso generalizado del consumo, no forzado, sino voluntario: no es que no me pueda comprar un coche, es que no lo quiero. prefiero alquilarlo, compartirlo o utilizar el transporte colectivo, pero no quiero un coche. por más que nos empeñemos en fabricar coches super buenos, y en venderlos con publicidades maravillosas, lo que pasa es que la gente cada vez tiene menos ganas de poseer un coche. entonces los fabricantes de coches ven retroceder sus ventas y se quejan de la crisis; si siguen así, pedirán al Gobierno que les ayude; y puesto que están en juego muchos puestos de trabajo, el Gobierno hará bien en ayudarles. pero para mi, lo que tendrían que hacer es invertir ese dinero en pensar en qué es lo que querrá la gente el día de mañana y empezar a reducir la fabricación de coches. si proyectamos el modelo actual (grandes cantidades de materias primas cada vez más caras invertidas en cacharros que colapsan las infraestructuras, nunca suficientes) no tiene sentido: hay que darle la vuelta e intentar aproximarse a cómo querremos transportarnos el día de mañana. eso sería una ayuda para los fabricantes, no las subvenciones a fondo perdido. y también sería una oportunidad de trabajo interesantísima para los diseñadores, esos diseñadores que habrán aprendido lo del user centered design gracias a la recesión…

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