me invitaron a la celebración de los 35 años de BCD, y fuí. era una ocasión especial, una fecha importante para una institución que ha sido importante para mí, y quise estar presente.

al entrar en el patio de la Llotja de Mar, sede de la Cámara de Comercio de Barcelona, me gustó esa sensación de estar como en casa. saludé a mucha gente que hacía tiempo que no veía, era entrañable. en el comedor, las mesas habían sido asignadas con unos criterios que me parecieron muy peculiares; al poco me di cuenta de que había grandes ausencias y de que quedaban sillas libres… pero el catering era correcto y la conversación fluía entre risas (en mi mesa tenía, entre otros, a Lluís Pau, toda una garantía de animación).

y de pronto, empiezan los parlamentos: el Presidente de la Cambra, el Presidente de la Comisión Ejecutiva del BCD, y el Alcalde. se presenta un programa nuevo, con ideas y con recursos: aleluya, por fin alguien entiende de qué va esto. pero ya: se acaban estos tres parlamentos, hay unos aplausos educados, y se levanta la sesión.

y diréis: ¿y qué?

pues eso, que pareció que 35 era un logo y que BCD se acabase de inventar. y que lo hubiesen inventado ellos, como si nunca hubiesen pedido consejo a nadie y que no hubiesen aprovechado el “fondo de armario”. que no se les ocurrió ni dar las gracias, ni reconocer, ni invitar a nadie a subir al estrado a decir unas palabras. estaba allí Mai Felip, a punto de cumplir 60 espéndidos años; estaban empresas que siempre han apoyado a BCD, incluso en los tiempos malos: 114, Santa y Cole, etc.; había profesionales que han colaborado estrechamente con BCD desde sus inicios y que ahora pueden presumir de haber hecho un carrerón: Summa, Antoni Flores, Mario Ruiz, etc. pues no pudieron decir ni una palabra, ni un testimonio, nada.

yo no pensé en ningún momento que iba a asistir a una de esas ceremonias inacabables y lacrimógenas, no es el estilo de la casa, pero opino que fue una ocasión perdida.

no hace falta rememorar todas las gestas a cada vez, y repasar la lista de los que hace 20 años hicieron el estudio del cluster del diseño en Cataluña, pieza clave del nuevo programa de actuación; los que durante tantos años dejaron alta la bandera del diseño español en todo el mundo; los que hace 30 años editaron textos que todavía se buscan hoy; los que empezaron a patearse los polígonos para ir a hablar de diseño en un mundo que parecía otro; los que se supieron arrimarse a los grandes del diseño internacional para aprender de ellos; los que representaron al diseño español en las más altas instituciones del diseño mundial; los que convencieron al Ministerio de Industria de que el diseño se merecía un premio nacional y los que convencieron al Rey de que lo tenía que entregar él. todos esos, y los que nos limitamos a seguir adelante, tirando del carro como pudimos.

el caso es que ha sido mucha la gente que ha pasado por el BCD en estos 35 años y por supuesto ha habido de todo: errores, tropiezos, alguna que otra zancadilla, politiqueos diversos, envidias y celos, incomprensión, inexperiencia… pero también valentía, intuición, curiosidad, frescura, ideas, inteligencia, determinación, firmeza y pasión.

la falta de reconocimiento siempre resulta poco elegante, pero no es mala leche, es falta de seguridad en uno mismo: lo sé por experiencia. pues es una lástima: el equipo de ahora lo está haciendo bien, y no le hace falta negar al otro para afirmarse.

bueno, otra vez será. a ver qué tal se les da lo de los 50 años, a saber dónde nos pillará esa fecha, y en qué condiciones… 😉

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