es interesante la polémica que se ha organizado alrededor el hecho de que mi libro se imprima en China; así que lo saco del rincón de los comentarios y lo pongo en primera plana.

a mi me resulta raro lo de oponerse a la globalización: se me antoja que es como oponerse a las mareas. éste es un fenómeno que viene de lejos y que no va a detenerse, por más que hagamos. Marx ya explicó lo que iba a pasar y por qué, y aquí estamos.

quiero hacer algunas aportaciones a este debate:

1- entiendo y comparto el disgusto del primer anónimo por lo del papel que se utiliza en la China para imprimir: me parece terrible y creo que tendría que estar controlado, por supuesto, pero es una vieja polémica: los países más pobres siempre han reclamado el mismo derecho a equivocarse que hemos tenido nosotros, en aras del desarrollo. recuerdo que cuando empezaron a ponerse duros en Italia con lo de la contaminación de los ríos, los propios italianos se fueron río arriba a los países del ex-Pacto de Varsovia que, ávidos de inversiones extranjeras, no estaban por la labor de controlar nada. poco a poco han ido entrando en vereda, unos más y otros menos, y cuanto más desarrollados más cuidadosos. es difícil pedirle a alguien que no come todos los días que tenga la paciencia de guardar la compostura: sólo si puede seguir comiendo tendrá alguna opción a aprender modales…

2- por raro que les parezca a algunos, conviene recordar que hubo una época en que era España la que incurría en copias, contrabando, salarios bajos y dumping, cualquier cosa para intentar salir del agujero en el que nos sumió la posguerra y la autarquía que impuso la dictadura; y mientras, nuestros vecinos del norte de Europa nos acusaban airadamente de competencia desleal. lo que impresiona de la China es que son muchos; pero hacer, hacer, nosotros hacíamos lo mismo.

3-como dice Pedro, es difícil vivir aislado en un mundo tan conectado. espero sinceramente que las condiciones de vida de la gente mejoren en China y en todo el mundo pero no creo que dependa de que dejemos de comprar cosas a terceros países, especialmente ahora que intervienen tantos orígenes en cada producto: antes hacíamos boicot concretos y era más obvio: a la leche en polvo de Nestlé, a las zapatillas Nike o a la gasolina de BP, pero hoy es prácticamente imposible saber de donde vienen cada uno de los componentes que intervienen en la producción de los objetos. además, ¿a quién castigamos? ¿a los vietnamitas, a los taiwaneses, a los chinos del norte o a los del sur? y mientras, podríamos empezar por dar ejemplo en nuestra propia casa, ¿no? nos sentimos muy listos cuando contratamos a una pandilla de rumanos sin papeles para pintarnos la casa porque nos han dado un presupuesto mucho más bajo que el de una empresa legalmente establecida, de las que pagan sus impuestos. pues es lo mismo que lo de los productos chinos, salvo que lo que contratamos nosotros lo podemos controlar: hagámoslo, es mucho más fácil que buscarle el certificado de trazabilidad a mi portátil nuevo.

4-se demostró hace tiempo (Michael Porter) que la competitividad de las naciones no se basa tan solo en el coste de sus factores (de su mano de obra), sino que depende de su capacidad de innovación y en la calidad de la gestión de sus dirigentes y de sus empresas. la velocidad a la que los chinos están transformando su sociedad y su economía es impresionante, y lo logran adquiriendo conocimiento (mandando cientos de estudiantes a las mejores universidades del mundo) y trabajando con un tesón y una determinación de las que aquí somos incapaces. hay tanto de cultural en esta forma de proceder como lo hay de subjetivo en lo que entendemos por calidad de vida.

esto es imparable y las quejas no sirven de mucho. son otros los mecanismos que pueden ayudar a paliar los efectos de la globalización. uno de ellos, por ejemplo, es la relación de los proveedores poco escrupulosos con clientes responsables. Nani Marquina, por ejemplo, ha necesitado muchas paciencia y mano izquierda para convencer a los que le tejen las alfombras en la India que ellos no pueden copiar los diseños que producen. estoy segura que nuestras editoriales pueden hacer una gran labor en la China.

yo desde luego no me siento capacitada para juzgar lo que está bien y lo que está mal, ni quiero. observo lo que pasa, todo me interesa y saco mis propias conclusiones: hace tiempo que tengo la impresión de que el mundo está oscilando, indeciso, y que acabará por darse la vuelta, como un tentetieso, y nosotros nos quedaremos en el lado oscuro, se nos está acabando el chollo de ser los primeros de la clase, los mimados, los elegidos. es como la decadencia del imperio romano: a ellos también les parecería imposible, seguro.

y parafraseando a Tip y Coll: “el próximo día… hablaremos de mi libro!”

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