cito de Wikipedia:

“El síndrome de Stendhal es una enfermedad psicosomática que causa un elevado ritmo cardíaco, vértigo, confusión e incluso alucinaciones cuando el individuo es expuesto a una sobredosis de belleza artística, pinturas y obras maestras del arte.

Tiene esta denominación por el famoso autor francés del siglo XIX Stendhal (seudónimo de Henri-Marie Beyle), quien dio una primera descripción detallada del fenómeno que experimentó en su visita en 1817 a la Basílica de Santa Cruz en Florencia, Italia, y que publicó en su libro Nápoles y Florencia: Un viaje de Milán a Reggio: “Había llegado a ese punto de emoción en el que se encuentran las sensaciones celestes dadas por las Bellas Artes y los sentimientos apasionados. Saliendo de Santa Croce, me latía el corazón, la vida estaba agotada en mí, andaba con miedo a caerme

pues bien, si Stendhal se pasase por el centro de Madrid hoy día, el patatús no le sobrevendría por la belleza acumulada, que la hay, sino por el ataque incontrolado, apabullante y totalmente injusto de esas hordas de músicos callejeros que nos machacan a todas horas con un repertorio tan trillado como mal interpretado: cuando no son las cuatro estaciones (que se han reducido a una, me temo), es “Aux Camps Élysées”, “Bonnie and Clyde” o Delilah, todo tocado de la forma más estridente posible.

ahora que les persiguen cuando utilizan los altavoces (porque está en contra de la ordenanza municipal) se juntan en bandas de sonido desaforado y son capaces de pasarse toda una tarde dando vueltas a una plaza de reducidas dimensiones sin conmiseración alguna por los habitantes del lugar, jaleados en permanencia por los turistas convenientemente tocados por la buena cerveza de la ciudad.

y aquí estamos, no buscando el frasco de sales como Stendhal, sino empujando los auriculares del IPod tan hondo como sea posible en los oídos, para intentar trabajar a pesar de la cacofonía reinante.

vale, que todo el mundo tiene derecho a vivir; ya lo sé. pero estoy deseando que llegue el invierno de una vez por todas, ese invierno crudo que erradica las terrazas de debajo de mi ventana y que me deja trabajar por fin en silencio…

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