con lo de la crisis me estoy repitiendo, ya lo sé, pero mientras voy o vengo en el AVE o en un avión u otro, leo el Financial Times del fin de semana y siguen hablando de lo mismo, la famosa crisis, y de cómo sortearla.

hay un artículo gracioso, que acaba diciendo que son malos tiempos para… ¡los calcetines! que con la crisis, la gente ya no repondrá los calcetines con tanta alegría y en cambio sí los remendará, y que por lo tanto le irá bien al que fabrica hilo y aguja, que hasta ahora estaba a punto de cerrar. no sé si queda alguien que sepa remendar calcetines ya, pero algunos sí recordarán haberlo visto hacer. había un artilugio muy graciosos, un objeto de buen diseño, que ayudaba a esta complicada operación: tenía el tamaño y la forma de un huevo de gallina y era de madera o de vidrio. yo tengo uno de vidrio, y lo uso. ¡qué antigua!, diréis. pues es sumamente útil para coser cualquier cosa de género de punto, que se estira y es difícil de sujetar.

bueno, en fin, que no se van a vender calcetines en los próximos meses, ¡qué cosas! En cambio, lo que sí se va a vender sin duda es el simpático par de guantes al que le faltan los dos dedos que utilizamos para manipular el IPhone o el IPod. la verdad es que es una buena idea porque nos pasamos todo el día utilizando el pulgar: para cerrar una cremallera, para contar monedas, para pulsar un botón o agarrar bien una herramienta. me doy cuenta estos días, en los que tengo un pulgar un poco averiado y soy mucho más consciente de los movimientos de mis manos. pelar una fruta se convierte en todo un tema, por ejemplo.

hablando de cocina, mientras escribo esto estoy guisando un cocido de alubia roja. no lo he hecho nunca antes, es emocionante. el caso es que la semana pasada, la empresa ONN OUTSIDE de mobiliario urbano hacía una presentación en Madrid, en los locales de INDICE DE PROYECTOS . respecto a los de INDICE, tres cosas:

tienen una imagen corporativa casi idéntica a la de la DELI SHOP: la diferencia es que en DELI lo del código de barras tiene una razón muy evidente: cada envase lleva un código diferente, que es a la vez la imagen y el código de barras real del producto, mientas que en INDICE me cuesta pensar que lo de las barras sea algo más que un recurso estilístico. ¡ay, ese concepto!

la presentación en sus locales fue muy vistosa, con las farolas saliendo por los balcones iluminando la noche fría de Madrid, el banco doble de Quim Larrea en medio de una sala de juntas, y graffitti en directo: muy buena idea (lo siento, no encuentro imágenes).

generosos, a los asistentes a la presentación nos regalaron una bolsita de papel kraft con unas carnes envasadas al vacío y un saquito de alubias rojas con la leyenda: “que la cosa está mu’ mala…”. y como además de generosos y rumbosos son comprensivos, incluyeron la receta, menos mal.

total, que por eso estoy yo aquí intentando cocer alubias por primera vez en mi vida, con un especie de vitrocerámica arcaica que no augura nada bueno, con lo finolis que es la alubia y lo poco que le gustan los cambios de intensidad del fuego…. en fin, ya veremos cómo acaba la cosa. y para dejar de hablar de comida y volver a lo mío, recomiendo mucho un artículo de El País Viajero de ayer, de Rosario Sabio Castillo, que es delicioso.

bueno, pues vuelvo al FT. hay un reportaje interesante sobre el descubridor del Nylon: un químico, profesor de universidad, que Dupont captó para hacer investigación sobre fibras sintéticas, cuyo departamento de investigación descubrió el neopreno y el Nylon. no hace falta decir lo que han significado las fibras sintéticas para el mundo moderno, y los réditos que han aportado a la DuPont. es interesante ver la difícil relación que se establece entre la empresa y Wallace Carothers, el investigador, que finalmente se suicida a los 14 años. me llama la atención un comentario citado de otro profesor de universidad que se cita en el artículo: “Este suicidio fue muy embarazoso. Todavía se repite: esto es lo que pasa cuando hay una persona realmente creativa en una organización, que le mata” (traducción libre).

me acuerdo del curso de gestión de la creatividad que hice en Londres hace años. nos propusieron un test para medir la creatividad de cada uno, y por supuesto, todos estábamos ansiosos por conseguir una puntuación muy alta. no recuerdo los resultados individuales sino la lección que venía detrás del test: no es tan importante lo creativo que es cada cual sino lo creativo que es en relación al promedio de creatividad de la organización en la que se integra. si la colocación no es armónica, el resultado será totalmente frustrante. en el caso de Carothers , llegó al colmo de la frustración y acabó con su vida. lo normal es que, antes de que esto suceda, la organización expulse al individuo descollante. esto no solo sucede por la creatividad, también sucede, y mucho, cuando un individuo en la organización es más brillante que su jefe: un jefe mediocre nunca soporta tener gente competente a su alrededor porque esto exacerba su inseguridad.

pero como decía antes, la situación es tan mala en un sentido como en otro: una personalidad poco creativa no es tolerada en un entorno altamente creativo. ¿y si lo trasponemos al diseño? cuando todo sea diseño, serán los ingenieros los estigmatizados…

mi teoría es que el diseño está pasando a ser una threshold competence, una competencia “en el umbral” (que absurda expresión, cuando se traduce), sin la cual uno no puede mantenerse, ni salir al mercado (tendo un artículo sobre esto en la última publicación del BCD, pero no lo tienen en línea, lo siento) . en el FT, hay un reportaje de parejas mayores que se hacen casas de arquitectura contemporánea. y la noticia es que descartan sus casas victorianas para pasar a vivir en espacios minimalistas de “formas puras” como se suele decir. ¡pero es que la arquitectura moderna, para nosotros, es lo que la arquitectura victoriana era para nuestros padres! hemos crecido con esto. y lo de la modernidad se está poniendo tan pesado y tan difícil de subvertir como lo fue lo victoriano. ¿pasará lo mismo con lo postmoderno? por un lado, es más difícil porque lo postmoderno, por definición, es muy variado, tiene múltiples formas de expresión, pero puede pasar. hemos superado apenas el griterío en contra de la frivolidad y la trivialidad de los posmodernos, y está ganando terreno poco a poco en todos los frentes. el otro día entro en el estudio de un diseñador que solo jura por la Bauhaus, y veo con sorpresa que a sus mesas de trabajo hiperracionales le han salido unas patitas “la lo Hayón”. y al final se convertirá en la norma, y dentro de algunos años, yo no lo veré, habrá parejas (si es que esta categoría no se extingue también) de viejecitos, llenos de tattoos y de piercings, sentaditos en sus Banquete chairs me parece una imagen muy adecuada para la fase final del declive del Imperio.

y en una fase anterior del declive, he acabado por fin de cocinar las alubias (¡que si estará mala la cosa que me estoy cocinando un obsequio corporativo!) y voy a salir a comprar un vinito bueno, por si el cocido está incomestible, que al menos no lo notemos tanto…

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