debe haber llegado la primavera (así, sin avisar, entre ventiscas y cifras del paro record) porque ya han vuelto los acordeonistas a la plaza Santa Ana; han vuelto antes que las golondrinas pero al mismo tiempo que las primeras fresias. ¡qué gusto da tener de pronto en casa flores qye huelen, y qué horror pensar en los 7 meses de acordeonistas que tenemos por delante!

¿otro síntoma de primavera? tal vez el restyling de las grandes marcas francesas, que como viejas starlets se han pagado una operación de estética: por un lado Citroën que se deja tocar los galones por Landor Francia . a mí no me convence, pero yo no tengo coche ni quiero o sea que no es a mí a quien quieren convencer, seguramente. ni me gusta ese efecto metalizado ni me gusta, pero ni pizca, la forma rara que le han dado a la diéresis, como queriendo disimular lo que es.

por el otro lado Air France, a raíz de la absorción de KLM, deja atrás el sentido literal de su nombre que ahora pasar a leerse de una sola vez; lo que a mi más me importa en este caso es que conserva su famosa “crevette” (un icono de mi infancia) en un símbolo estilizado, como si fuese el trazo esquemático de una constelación compleja.

lo de Air France (ahora: AIRFRANCE), lo ha hecho Brandimage (antes Desgrippes & Laga) que también ha hecho la flagship store de Telefónica en la Gran Vía madrileña.

y mientras nuestros vecinos van jugando con sus iconos me refugio en sus clásicos de la chanson, que me parecen menos frívolos, y decido que solo voy a escuchar a Serge Reggiani en los próximos tres meses o hasta que me aprenda de memoria al menos los 5 primeros de los 10 cds de la fantástica edición integral de sus discos.

así que desentierro el IPod y para empezar se me borra todo lo que tengo grabado porque por lo visto no se puede conectar el IPod al PC antes de abrir ITunes. o algo así. ahí no llego, la verdad: son esas cosas tan frustrantes y tan tontas que te dan perpleja. perpleja, no cabreada.

cuando me cabreo es cuando intento sincronizar la BlackBerry dichosa y consigo hacerme con la agenda y con las tareas pero en cambio ella solita decide borrarme todos los contactos y sustituirlos por los contactos de Outlook (donde, of course, no estaban vuestros móviles). estupendo. y como sois tan listos diréis: “qué antigua, lo que tiene que hacer es trabajar contra una cloud“. vale, ya lo he entendido, desde luego. y estoy averiguando cómo hacerlo. pero de momento, ¡qué lata dan y cuanto tiempo te hacen perder estas cosas que no se entienden!

entonces, por pura casualidad, llega a casa un libro estupendo y que no podía llegar en mejor momento: “Designing interactions”, de Bill Moggridge (MIT, 2007). es un libro grande y grueso, con CD incorporado, que disecciona el tema del diseño de interacción a base de entrevistar a los autores de diseños increíbles como el ratón, el portátil o los Sims, entre muchos otros.

del libro, quiero destacar dos cosas: de la presentación que hace Gillian Crampton Smith (la directora del Instituto de Interacción de Ivrea) donde dice: “hay demasiados sistemas que todavía requieren demasiada atención y que, como los jefes incompetentes, nos distraen de hacer nuestro trabajo”. no puedo estar más de acuerdo, de hecho, por eso en los agradecimientos de mi libro sólo aparecen dos de los jefes que he tenido en mi vida. los demás me han hecho perder tiempo.

la segunda cosa, la introducción de Moggridge: primero relata una anécdota familiar con un reloj digital que es muy divertida y está muy bien contada y después explica su peripecia personal y profesional desde que decidió dejar Londres para mudarse a Palo Alto, y cómo pasó de diseñador industrial a diseñador de interacción. está bien escrito, es ameno, y creo que da un excelente ejemplo de valor y de fe en el futuro y en sí mismo (muy útil para los tiempos que corren…). esa gente se inventó una disciplina nueva, la bautizó y montó un negocio a partir de ella. Moggridge lo explica así: “Sentí que había una oportunidad para crear una nueva disciplina de diseño, dedicada a dar soluciones imaginativas y atractivas en el mundo virtual, en el que uno diseñaría comportamientos, animaciones y sonidos así como formas. Sería el equivalente del diseño industrial pero trabajando con los programas informáticos más que con objetos tridimensionales. Como en el diseño industrial, la nueva disciplina tendría en cuenta los valores subjetivos y cualitativos, tomaría como punto de partida las necesidades y los deseos de los usuarios de bienes o servicios, y procuraría crear diseños que aportaran un placer estético así como satisfacción y un disfrute duradero”. (traducción libre).

después pasa lo que pasa, y diseñadores de interacción los hay buenos, malos y regulares. y por lo visto los que me tocan a mi deben de ser del montón. o es que yo tampoco soy público objetivo de esos artefactos sofisticados y esos diseñadores, por buenos que sean, ignoran tanto mis deseos como mis necesidades.

como dice la canción “on n’en meurt pas mais ça vous tue”…

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