en una reciente visita a Barcelona descubrí el último producto de Camper: han transformado el FoodBall (ese curioso local ideado por Martí Guixé en el que toda la comida se servía en forma de bolas para comer con los dedos y en vez de mesas había gradas de cemento) por un bar con salero (que no con solera) llamado “dos palillos“.

el “dos palillos” es una réplica exacta, a escala 1:1 de esos bares que en Madrid llaman “de acero”, eso es, esos locales como de los años 60/70, resueltos con materiales baratos, llenos de objetos heteróclitos acumulados a lo largo del tiempo, sencillos, tradicionales, donde las tapas y las cañas son buenas o malas, según, pero que, al cabo de los años, nos resultan familiares y reconfortantes. en Madrid hay muchos, y muy buenos.

“el dos palillos” ha reconstruido a dedillo uno de estos: con sus banderines, sus souvenirs de mal gusto, sus bombillas de bajo consumo sobresaliendo por debajo de las pantallas y, por supuesto, su puerta de aluminio; hasta las flores, naturales están dispuestas como flores artificiales.

la verdad es que en un primer momento engaña: te crees que es uno de verdad y estás para entrar, sentarte en uno de esos taburetes de “skay” y pedirte un vermú. pero si te fijas hay señales que te avisan:

  • la imagen, de America Sanchez, un poco dentro de la línea “Vinçon”
  • la gran ventana dedicada a los palilleros, todos iguales, de plástico de ese color como marfil, con unos cuantos palillos en cada uno
  • y sobre todo, unas postales con ilustraciones de comida inspiradas en el tipo de dibujos de la serie ShinShan

cuando cruzas la puerta y te aventuras dentro, al final del local encuentras un restaurante de comida asiática de esos que consisten en una barra rodeando los fogones, que tiene muy buena pinta. ellos lo describen así: “un vulgar bar que podríamos encontrar en cualquier esquina de la ciudad a través del cual se accede a una refinada barra asiática”.

resumiendo: puede que sea un homenaje cariñoso, pero a mí me ha caído un poquito mal, me parece un ejercicio un poco “faltón”, que le da la vuelta a esos locales humildes y tranquilos y los lleva al terreno de lo “fenomenal, fenomenal” para gente guapa.

pues eso: “no hi ha res salvat” como decía mi madre. ni los bares de acero…

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