me voy a Valencia el viernes, para pasar por la Uni (la UPV, donde curso un master de ingeniería en diseño) y de paso ver a unos potenciales clientes.

primera observación: han cambiado el origen del tren de Madrid a Valencia y ahora sale de la estación de Chamartin. aunque tiene parada en Atocha, a efectos de emisión del billete (que hay que realizar 20 minutos antes de la salida del tren) la que cuenta es la hora de salida en origen, así que varios pasajeros empiezan francamente mal la jornada (todavía no son ni las 7 de la mañana) por no haberlo emitido a tiempo y tener que adquirir otro nuevo. problema de información: podrían avisar, pero estoy convencida de que nadie se enteraría igualmente. es una norma estrafalaria, sobre todo porque el cambio de estación es temporal y la mayoría de los pasajeros está acostumbrada a la rutina de Atocha. los empleados de RENFE aguantan el chaparrón, pero no pueden sino dar la razón a los pasajeros.

en cuanto me monto en el tren me doy cuenta:

  1. del abismo que media entre el peor de los AVEs y el mejor de los otros trenes de RENFE
  2. de que me he olvidado el pincho de internet (el modem móvil), lo cual me va a fastidiar todo el fin de semana.

así que todavía en Valencia, y antes de montarme en el tren de vuelta, intento solventar la previsible acumulación de correo entrante y saliente. la “opción crisis” es meterme en el McDonalds, que ofrece conexión gratuita. pero la perspectiva de pasarme 3 días rodeada de ese peculiar olor a grasilla de hamburguesa me retrotrae a los buenos tiempos y me meto en la tienda Telefónica de la calle del Marqués de Sotelo, dispuesta a pagar lo que haga falta.

lo de la tienda Telefónica me tiene un poco mosca, por una reciente visita al mayor flagship store de la compañía en la Granvía madrileña, donde encontré:

  1. un local tan suntuoso como vacío
  2. ningún avance tecnológico que no hubiese visto antes (vale, yo no soy público objetivo, pero esperaba más de Telefónica)

y en cambio en Valencia encuentro:

  1. un local proporcionado y más bien agradable (¿será por el aire acondicionado?)
  2. la empleada del año: Puri

es verdad que Puri me tiene que repetir 4 veces por qué me interesa más la tarifa plana del internet móvil y sigo sin entenderlo, pero transmite tal convicción que acabo comprándolo porque me fío de lo que me dice. Puri me deja su horario y su teléfono para que la llame si tengo algún problema, me recomienda un nuevo terminal telefónico aún sabiendo que no se lo voy a comprar a ella, y me da hasta trucos para poder lidiar mejor con la compañía… lo dicho: para mi, es la empleada del año.

por la mañana, en la UPV, me he encontrado con Milagros, que hace honor a su nombre y consigue doblegar “el sistema” para que consienta hacer una matrícula donde no toca; o de lo que no toca; o de lo que toca pero fuera de tiempo; porque algo malo seguro he hecho, pero Milagros lo arregla. y con una sonrisa.

sigo con la visita al Centro de Documentación de Diseño de Impiva Disseny (ese que casi pereció, enterrado como estaba bajo una losa de hormigón en una vida anterior de la Generalitat Valenciana) y felizmente rescatado hace poco. allí, un equipo de mujeres sonrientes, capitaneadas por Beatriz, me acogen con cordialidad. en seguida la mera curiosidad intelectual compartida hace que

  1. me encuentre como en casa
  2. me entren ganas de quedarme allí para hacer proyectos estupendos por el mero hecho de hacerlos

y al final de este periplo, una conclusión: son las personas las que hacen las empresas, por si no nos habíamos dado cuenta; así que “se trata de las personas, estúpido”, parafraseando al autor de la famosa frase “it’s about business, stupid” (que, por cierto, no sé quién es).

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