Mi colega A. El Crítico, me advierte que peco de ingenua con ese entusiasmo desmedido por lo que cuenta Morin, que, por lo visto, es algo archiconocido. Vaya.

Pero un chasco así no es mala forma de empezar el fin de semana, al fin y al cabo, porque te motiva a querer aprender más. Aprender, sí, ¿pero cuándo? La gestión del tiempo, ahí está el tema.

Bueno, pues mientras me organizo para ser más sabia, comparto con vosotros este artículo que publicó Design Week esta semana, que cuenta como un tal Greg Hands, parlamentario británico (conservador), ha abierto la caja de los truenos (de nuevo) al recriminar al gobierno británico que haya encargado un logo conmemorativo del 60º aniversario del servicio nacional de salud (NHS) a un profesional del diseño, ya que opina que los programas informáticos de hoy facilitan el que cualquier funcionario con una inteligencia normal realice un trabajo gráfico con solvencia.

Este tipo vive tranquilo en su reino unido, con una educadísima Emily Campbell al frente de la sección de diseño y sociedad de la Royal Society of Arts, replicando: “los funcionarios tienen que saber identificar cuando se encuentran con una necesidad genuina de diseño, articular mejor lo que les gusta y lo que quieren lograr con ello, y entender para qué sirve y para qué no sirve el diseño” (traducción libre). Si los británicos tuviesen un Sobrino como el nuestro, se iban a enterar…

Y vale, yo por supuesto defiendo el trabajo de los profesionales y todo esto que ya sabemos, pero lo peor de este caso no es el importe de los honorarios del diseñador (12.000 £), que es de lo que se queja Hands, sino el tal logo

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