Me modernizo: por fin he comprado el netbook y puedo empezar a vaciarle las tripas al odiado HP para encarrilarlo hacia la jubilación. El nuevo es un Samsung, con una batería que dura 7 horas, un kilo de peso y una certificación Eco RoHS, pero ¡sorpresa! no es un tablet. Por primera vez en 8 años, mi portatil no será tablet, precisamente ahora, cuando parece ser que porque lo dice el profeta Jobs, el tablet “mola”. Bueno, soy yo: puro espíritu de contradicción.

 
También me tecnifico: estoy empezando a usar dos aplicaciones informáticas de esas que facilitan la existencia a los nómadas como yo.

Una es Drop Box,un programa que instalo en mis dos ordenadores y que hace que encuentre todas mis carpetas desde donde quiera que esté y que pueda incluso compartirlas con la gente del despacho, sin más. Viene a ser como el Office Live, pero más simpático. Por cierto, toda su demo está hecha con una animación estupenda: una gozada. Esta innovación de proceso la he hecho gracias a la oportuna recomendación de mi colega A, El Sabio. y, para los IPhónicos, que sepáis que tiene un app especial para vosotros. Solo una observación: si se deja puesto y funcionando sin parar, va actualizando todo el rato y por lo tanto la conexión está constantemente ocupada. Lo he descubierto después de estar casi cuatro días con mi pequeño modem usb colapsado todo el día.
La otra es One Note, que viene con la suite de Office y que te permite archivar todo tipo de documentos en cualquier orden y sin perderlos. Se puede utilizar en función de impresora y cada vez que cierras el programa se guarda todo lo que le hayas metido, sin necesidad de confirmar. Cada documento se puede trasladar fácilmente a cualquier otro programa o incluso publicar directamente en el blog. A mi me simplifica la vida. Ahora estoy intentando averiguar cómo se puede sincronizar un solo One Note en varios ordenadores: esto ya sería la pera… 

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