anteayer, en Madrid, tuvo lugar un suceso que parece una escena sacada de la película Weekend, de Jean Luc Godard (de la que hablé hace un tiempo en esta entrada).
el caso es que, tras una discusión de tráfico, un conductor sacó una pistola de la guantera y disparó a dar, matando a una de las ocupantes del coche “rival”. y después se largó, sin más.
resulta curiosa la crónica que sacó El País de este suceso, ocupando algo así como tres páginas, con todo lujo de detalles y varias fotos. la redacción del artículo es impagable: me hizo recordar El Caso (muchos no sabréis de qué hablo: era una publicación semanal dedicada exclusivamente a sucesos, que tenía un éxito considerable en los años 60).
me pregunto si el presunto asesino que disparó es el mismo tipo que me encontré el otro día en una oficina de correos del centro, que preguntaba, con voz neutra, cómo podía mandar una pistola por correo. el funcionario le respondió: “Desmontada”. y el otro argumentaba que no, que la tenía que mandar tal cual. esta curiosa conversación duró bastante y se fue formando una cola que atendía con un silencio lleno de curiosidad. en cuanto el individuo salió, contrariado por el resultado de su gestión, los comentarios surgieron, entre divertidos y asustados: “¡lo próximo será mandar una bomba, no te digo!” con ese deje sincopado de los gatos de pro. ahora, a posteriori, me pregunto si tal vez llevaría la pistola encima… glups.
y no quiero restarle dramatismo al suceso, que no tuvo ninguna gracia, pero el comentario de la hermana del pistolero no deja de ser curioso: “Pero, ¿cómo ha podido terminar así Ángel, que nunca ha hecho nada en la vida?” (no me lo invento, sale en la crónica de El País de Madrid de hoy).
lo dicho: la película Weekend parecía exagerada, pero a veces la vida es un Godard.

Anuncios