Los Premios Nacionales de Diseño nacieron en los años 80 con la finalidad de dar visibilidad y notoriedad a una disciplina que por entonces buscaba reconocimiento y consolidación en nuestro país: constituyen una medida, pública y vistosa, eso sí, pero solo una, de entre el conjunto de acciones que conforman la política de diseño y que comprende distintos tipos de apoyo a las empresas para la incorporación del diseño, la promoción de los diseñadores en España y en el extranjero, la difusión del diseño mediante publicaciones y exposiciones y la creación de redes nacionales e internacionales para la dinamización del sector. Una política de diseño, como cualquier otra política pública, suele disponer de una organización que se ocupa de llevarla a cabo; ésta puede ser más o menos grande y puede estar más o menos integrada en el órgano de la administración que la financia. En nuestro país, el DDI ha sido el responsable de asesorar e implementar la política de promoción del diseño que, con mejor o peor fortuna, un gobierno tras otro ha ido dotando de contenido y de presupuesto durante los últimos veinte años, normalmente desde el Ministerio de Industria.
El pasado día 30 de abril, el Consejo de Ministros decidió que el DDI se fusionaría con otra sociedad estatal vinculada a la política de innovación, ENISA. Que se sepa, dicha fusión se hizo sin un diagnóstico previo, sin una recomendación experta sobre qué es lo que tenía que salvarse y lo que no, o sobre las sinergias que podían darse entre las dos sociedades; la política de diseño, buena o mala, mucha o poca, bien o mal dotada y mejor o peor gestionada, parece haberse desmantelado sin dejar rastro; en estos casi ya seis meses, nada se ha comunicado ni por carta, ni en las webs del DDI o de ENISA, de la Dirección General de la Política de la PYME (de la que depende ENISA), del Ministerio de Industria, Turismo y Comercio (del que depende la DGPYME), de Presidencia (de quien depende el MITYC) o siquiera del Ministerio de Innovación, de quien dependía el DDI hasta la fecha de la fusión. La semana pasada, al tiempo que se daba a conocer a la prensa el fallo de los premios nacionales de este año, fueron cancelados sucesivamente la web del DDI y su perfil en Facebook, sin ninguna explicación.
El sector del diseño forma parte de las industrias creativas, esas que se han convertido en uno de los motores de la economía española como indica la Cuenta Consolidada de Cultura; el diseño está considerado como un factor clave en la mejora de la calidad de vida de las personas y como uno de los motores de competitividad de las empresas; en toda Europa, España incluida, se ha demostrado que las empresas que más crecen son aquellas que más invierten en diseño; en la gran ofensiva de fomento de la innovación que va a poner en marcha la Unión Europea en 2011 (dentro de dos meses), el diseño tiene un papel protagonista y cuenta con una serie de medidas específicas de gran impacto.
No parece pues el momento más oportuno para desmantelar la política de diseño, y menos por parte de un gobierno que tanto interés tiene por la innovación.
Las empresas de todos los sectores, desde la máquina herramienta hasta los servicios más sofisticados, se interesan hoy por el diseño; aunque a menudo no lo gestionen bien del todo ni sepan sacar de él todo su potencial (o precisamente por eso), no se merecen que se les ponga en inferioridad de condiciones, justo cuando tienen que enfrentarse a un entorno tan adverso como el actual. El sector del diseño, por su parte, no está muy organizado ni suele ponerse de acuerdo en casi nada; pero tampoco se merece esta falta de respeto: al fin y al cabo, son grosso modo unos 50.000 puestos de trabajo y 1.500 millones de facturación en calidad y creatividad.
Llegados a este punto, lanzo tres peticiones:
COMO CONTRIBUYENTE, reclamo que el acervo de conocimiento y de relaciones que ha constituido el DDI durante estos últimos 20 años siga estando a disposición de los ciudadanos (que lo han financiado).
COMO EXPERTA EN DISEÑO, recomiendo muy seriamente que España no renuncie a tener una política de promoción del diseño, del calado y la amplitud que se juzgue conveniente, y en particular propongo que se haga al menos el esfuerzo necesario para no perder el tren de la política de innovación que está poniendo en marcha la UE, para no quedarnos en inferioridad de condiciones.
COMO EX-DIRECTORA GENERAL DE LA FUNDACIÓN BCD, entidad que fundó los Premios Nacionales de Diseño en su día junto al Ministerio de Industria y bajo los auspicios de SM el Rey, y EX-CONSEJERA DELEGADA DEL DDI, insto a que se restablezcan pronto las condiciones para que el galardón tenga la relevancia que se le supone y que se merecen los premiados.
Creo que el sector entiende las dificultades actuales y está dispuesto a apoyar las medidas que se juzguen convenientes; lo que dudo es que se acomode al ninguneo.
Anuncios