vuelvo de Bratislava, donde impartí un seminario sobre gestión del diseño, invitada por el centro eslovaco de diseño.

Bratislava es una ciudad queda. es el mejor adjetivo que se me ocurre.

visité el mercado (muchas guindillas, rábanos y col fermentada); vi ponerse el sol sobre el Danubio, y me presentaron a Stefan Klein, un diseñador brillante y encantador, entregado a la causa de la movilidad (pero de quien no encuentro referencias en la web…)

la conferencia, bien: la gente, muy interesante: podéis ver al colectivo 220  y al fantástico luthier Tomas Brichta.

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