lo del jolgorio navideño en España no se acaba hasta el 6 de enero, cuando llegan sus majestades los reyes magos. es una fiesta curiosa, porque los reyes son magos de verdad, creas o no en ellos: siempre te acaba llegando, no sabes cómo, ese regalo, ese cariño, esa dulzura que en ningún otro momento del año es más apreciada.

y mientras la magia opera en cada uno con sigilo, colectivamente, en cambio, el país se pone patas arriba. en Madrid, por ejemplo, tenemos, por un lado, la prerrogativa capitalina de poder empezar las rebajas antes que nadie, que empuja al personal a precipitarse a los grandes almacenes en tropel el mismo día 5 sin dar tregua alguna a los dependientes hasta la misma hora de cierre; hora de cierre que coincide con el inicio de la multitudinaria cabalgata, a la que las familias se precipitan pertrechadas con escaleras para encaramar a los más pequeños y con paraguas que, abiertos y vueltos del revés, sirven para “pillar” más golosinas de las que tiran los pajes desde las carrozas; y finalmente, antes, durante y después de reyes, todos comemos del famoso roscón, vendido por millones de unidades, y que es objeto de devoción, colas en las pastelerías y riñas en las familias.

El País da datos de la avidez madrileña por el famoso dulce, que se agradecen, en este artículo; y tratando de averiguar su origen, llega a Francia. pero como en todo lo que tiene que ver con Francia, El País se equivoca: en esta ocasión no es la ortografía, que suelen descuidar con notoria perseverancia, sino la mera cultura gastronómica: el gâteau des rois, en forma de corona y con sus frutas escarchadas, es algo propio de la cultura latina y por lo tanto se da en la Francia meridional, si se da; pero en la mayor parte de Francia, en realidad, lo que se come en la fiesta de la Epifanía es la galette des rois: un delicioso hojaldre relleno de frangipane o mazapán ligero, con un haba, signo de fertilidad, escondida en su interior, que también da derecho al que la encuentre a ser rey por un día, como aquí.

por cierto que los franceses, con o sin galette, andan estos días indignados, pero indignados de verdad: como dato, el best seller de la temporada en París es un librito de apenas 32 páginas, que se vende a 3 euros y a un ritmo de 400 al día; se llama Indignez-vous (indígnense) y está escrito por un diplomático y ex resistente de 94 años, Stéphane Hessel. y ¿de qué va? ¿qué es lo que tanto apasiona a nuestros vecinos? pues es un listado de todas las causas de indignación que tiene un ciudadano europeo con conciencia: los atropellos a los derechos de la persona, al medio ambiente, etc. hay que señalar que si “Indignez-vous” está en cabeza de la lista de ventas, el 4º lugar lo ocupa un libro titulado “Le manifeste des économistes atterrés” (el manifesto de los economistas aterrados) que también consiste en una reflexión crítica sobre nuestro mundo y un llamamiento a la población a tomar conciencia y no dejarse llevar.

Le Monde, en su edición del primer fin de semana del año (sábado 1 a lunes 3 de enero 2011), dedica una doble página al tema y hace una estupenda encuesta a personalidades diversas sobre qué es lo que les indigna a ellos. no la encuentro en español ni se puede bajar de Le Monde en su totalidad, lo siento, porque es un gran reportaje. gente lista hablando de cosas realmente trascendentes para todos. en principio parece descorazonador hablar de esto, lo sé, y sin embargo, a mi me reconforta: pienso que no todo está perdido, que algo haremos entre todos. sobre todo, porque el enfoque que le dan los franceses es el del ANÁLISIS y la REFLEXIÓN, no se trata en ningún caso meros panfletos de protesta.

y en esto veo una gran diferencia con los medios de comunicación españoles, al menos los que yo sigo y muy especialmente la radio, que parece que disfruten proponiendo la visión más pesimista posible de las cosas, ensañándose con los comentarios agoreros, a ver quién contribuye más a empeorar el ambiente. pero ¿qué les pasa? ¿no se les ocurre ni por un momento pensar que los que estamos al otro lado del altavoz tenemos que subir la persiana al día siguiente, seguir adelante, produciendo, contratando pagando sueldos y facturas? podrían arrimar un poco el hombro, hacer propuestas constructivas, analizar más y opinar menos… ¿será que solo cobran si escandalizan?

ya sé que hay guerras, injusticias, racismo, discriminación, explotación, contaminación, expolio, corrupción, ignorancia, muerte, destrucción. pero lo que me indigna a mi, estos días, es la inquina absurda, gratuita, estúpida e injusta de los que hurgan en las heridas de la crisis con un placer enfermizo, desconsiderado y estéril, en vez de intentar poner por su parte para remontar este país entre todos.

ea.
lo siento, tenía que decirlo. y puesto que Le Monde no me ha entrevistado, me tomo la libertad de soltarlo aquí. con perdón de SSMMRRMM y de mis lectores.
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