típico diseño holandés:
inteligente, casual, barato y útil.

Regreso de Amsterdam después de casi una semana de reuniones, conferencias, talleres, y charlas con los colegas, aislada de las noticias de España y de las cuitas de mis clientes (ante quienes me excuso).
No sé si voy a convocar o no una sesión abierta sobre la conferencia, como hice el año pasado, así que hago un pequeño “avance informativo”  aquí mismo:
La conferencia estuvo muy bien organizada: el tema (el valor del diseño) nos interesa a todos los que nos dedicamos a la gestión del diseño, las intervenciones tuvieron en general mucho nivel, el local era espléndido y el balance entre conferencias y tiempo para el networking, muy acertado. Siempre decimos que una de las cosas que apreciamos más en estos encuentros es el poder charlar entre nosotros: es un alivio estar entre “pares” y, en este sentido, todo el tiempo libre para charlas nos resulta tan valioso como el que dedicamos a escuchar a los conferenciantes o a participar en los talleres. Además, siempre acude gente de muchos orígenes descubrir cómo trabajan los colegas en la otra parte del mundo mantiene en forma. No voy a dar nombres, pero sí puedo decir que he conocido a gente de Panamá, de Corea, de Finlandia, de Colombia, de Noruega, de los Estados Unidos, de México, …

El aplicar la lógica del diseño a la concepción de la conferencia (gracias a las mentes preclaras de Tim Selders y de Fennemiek Gommer), facilitó mucho las cosas; no sólo había una combinación de temas muy lograda, sino que incluso se logró la presentación de lo que en nuestra jerga llamamos una “horror story”, o sea, la historia de un fracaso: lo nunca visto en este tipo de eventos. Se mezclaron conferenciantes mayores y jóvenes, evitando por lo general esas charlas tipo “mirad lo guapo que soy y lo bien que hago mi trabajo” y de dentro o de fuera del ámbito del diseño. Como curiosidad, recalcar que sólo hubo una presentación de una empresa holandesa, Droog, y que la participación fue muy alta (200 personas), incluyendo muchos participantes locales. Los que llevan tiempo frecuentando el DMI sabrán por qué lo digo.

En mi presentación, como no, arriesgué al límite: por la forma de presentar (sobre una pizarra, a la vieja usanza) y por el tema (una parte de mi investigación para la tesis doctoral); pero estoy razonablemente satisfecha por el resultado y por la respuesta positiva que recibí por parte de gente a la que reconozco autoridad. Muy gratificante.

El seminario posterior al que me había inscrito, sobre la utilización de la metodología de Oterwalder para la definición de modelos de negocio, resultó muy ameno, muy interesante… ¡y demasiado corto! En cualquier caso, altamente recomendable, para los que tengáis la ocasión. Sobre el empleo de este modelo hablaré en otra ocasión.

Total, que bien; pero tengo un cierto sentimiento de culpabilidad por estar allí plácidamente intercambiando tarjetas de visita entre croqueta de queso y canapé de salmón, mientras mi país se ponía patas arriba y los jóvenes decidían hacer lo que se espera de ellos: plantar cara. Creo que de esta voy a empezar, por fin, a “tuitear”.

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