Le Monde hace unos días publicaba un interesante artículo sobre la RSC y el cambio de modelo económico.

Empieza por citar un estudio reciente que afirma que la pobreza en Francia está aumentando de nuevo y que ahora es más joven, urbana, concentrada y más visible que antes. Frente a este fenómeno, y en vista de la reducción del gasto social, se solicita cada vez más implicación de empresas privadas (como las 51 corporaciones que figuran al lado de 49 estados entre las 100 primeras potencias mundiales, no lo olvidemos…).

Se considera, en efecto, que las propias empresas son en muchos casos las “culpables” o las causantes de dicha pobreza. Pero a la vez, los pobres son opacos y carecen de capacidad de presión, por lo que no se tienen en cuenta a la hora de establecer las políticas de RSC, sino más bien al contrario: lo que persiguen las empresas con la RSC es, a menudo, simple “social washing“, o sea, la posibilidad de abrir nuevos mercados, la oportunidad de innovar, la constitución de un “capital moral” o el proyectar una imagen que impacte positivamente sobre sus asalariados.

Se recomienda, por lo tanto, controlar bien la repercusión concreta que obtienen las acciones de RSC, teniendo en cuenta que un efecto real sobre la pobreza lo que requiere es un cambio de modelo económico, como confirma el Consejero Delegado del grupo Danone para quien “el valor de una empresa a largo plazo es equivalente a los beneficios a los que acepta renunciar para repartirlos con sus stakeholders (colaboradores, proveedores y comunidades locales)”.

Espero que se cumpla el dicho ese de que “cuando el río suena, agua lleva”…

 

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