llamo al colegio de economistas de Madrid para preguntar cuál es el procedimiento para causar la baja. me responden abruptamente, con economía de palabras y hasta de articulación de sonidos: “mandar una carta acompañando el carné”.

doy pie a entablar una conversación: ¿dirijo la carta al presidente del Colegio, al responsable de una comisión? Respuesta: “al Colegio”; he extraviado el carné, ¿tengo que hacer constar mi número de colegiada? Respuesta: “pues por email o fax” ¿Cómo? Respuesta: “que si no va a devolver el carné, que mande un email o un fax”. Muchas gracias, buenos días. Respuesta: “cling!”.

en ningún momento hay amago de recuperar al afiliado: ¿por qué se da de baja?, ¿consideraría una baja temporal?, ¿qué servicio le gustaría que hubiese prestado el Colegio?, …

y yo me pregunto dónde han estado los economistas mientras el mundo cambiaba, y cuánto tiempo van a resistir estos chiringuitos gremiales si siguen sin entender que hay que centrar el servicio en el usuario y no en el accionista .

estoy por hacer un regalo de despedida y mandarles el libro de “Diseño de servicios”, con una cariñosa y condescendiente dedicatoria al presidente de la cosa…

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